detrás del cristal grisáceo que no me deja ver mucho
cómo ha cambiado mi mundo desde que se fué...
y pensar que lo quize mucho y no lo pude detener.
Eran sus ojos el sol, que iluminaban mi existencia;
su mirada, la chispa de mi pasión
y su voz, la melodía para mis oídos,
vivía por él, por ese tipo.
Aunque no eran muy cuerdas sus palabras
podía descifrar su extraño lenguaje
yo lo quize más que a mi vida
pero al final no pudo ser.
Pasaba en silencio y me parecía grandioso
éra lindo por donde lo viera,
su mirada me inquietaba
lo quería tener entre mis brazos.
Y sin decir palabras, un día
me besó de una forma diferente
apasionado aquél beso
que quizás, con el tiempo, no olvidaré.
Era un día especial, no dijo nada
creí que si se acercaba algo peor
y hasta concluyo el día
como un pájaro... se fué.
Y desde entonces,
en mi cielo sólo hay días nublados y lluviosos,
en mi ventana, un cristal empeñado por mi llanto
y entre mis labios, el nombre de aquél que me besó...

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