tus lágrimas caían una a una...
sollozando cuanto me amabas
que me querías como ninguna.
No sé de donde saqué mi última fuerza
para decirte con mi último aliento:
Tarde o temprano estaremos juntos...
¡Te amo mi vida! ¡Estoy muriendo!...
Mientras tus brazos enlazaban mi cuerpo,
tus lágrimas... podia sentirlas, caían sobre mí
me decías que me amabas
así perdías tu poca cordura.
Mientras gritabas mi nombre con fuerza,
sentía una paz e infinita grandeza dentro de mi alma,
¡bendita presencia!
era una luz, que me decía que partiera...
Y tu me gritabas que despertara
que no me fuera, que me necesitabas
y al verte sufrir de tal manera,
morí dos veces.
Y una fue de tristeza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario